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sábado, 18 de junio de 2016

EL MASAJE | Parte 2 (Erotismo gay)

Estaba sentado sobre su cuerpo. Dejé de masturbarlo para acto seguido dirigir el extremo de su miembro al encuentro de mis nalgas. Lo situé bien en la línea de mi culo y acompañé el roce con más lubricante. Una vez conseguida la situación deseada, me incliné hacia adelante y comencé a moverme suavemente para que su miembro se deslizase por la línea de mi culo sin llegar a entrar. Me gustaba jugar y, a juzgar por su gesto entonces, a él también le atraían mis juegos.

Proseguí con mis movimientos de vaivén intensificando el roce por momentos. Me encantaba sentirlo tan duro y humedecido, resbalando sin problemas por mi piel. Quizás la situación daba pie a un polvo totalmente predecible y simple; bastaría avanzar un paso introduciendo el miembro y sentándome despacio mientras contraigo el rostro por un breve dolor inicial. Pero no. No me gusta hacerlo tan simple. Y no lo hice.

domingo, 31 de enero de 2016

El misterio de la reliquia Anunnaki | Un caso de Hiroto Matsumoto | Reseña

Un Torrente "a la japonesa".

Título: El misterio de la reliquia Anunnaki.
Autor: Francisco Rueda Medinilla.
Año: 2015.
Páginas: 585.
Medidas: 15x21cm.
Idioma: Castellano.
ISBN: 978-84-943235-2-2.
Precio: 22,00€.
Editorial: Neverland Ediciones.






         Sinopsis
El detective privado japonés Hiroto Matsumoto ha aceptado el encargo de trabajar como asesor de la Interpol, a fin de capturar a una habilidosa ladrona profesional que ha conseguido robar de un prestigioso museo un místico objeto conocido como la Reliquia Anunnaki.

El divertido detective tratará por todos los medios de recuperar el valioso objeto robado y detener a la ladrona, conocida por el alias de “La Fantasma”, pero no lo tendrá nada fácil ya que hay personas muy poderosas interesadas en averiguar si es cierta la leyenda de la Reliquia Anunnaki.

Se rumorea que alguien ha contratado al sicario internacional “Sonrisa Muerta” para eliminar a los demás rivales interesados en obtener el supuesto poder que otorga la Reliquia Anunnaki. Por suerte Hiroto contará con la ayuda de sus amigos como su atenta y leal secretaria Andrea Piernabierta, su hijo adoptivo de origen afroamericano llamado Miles, la tozuda e inteligente inspectora Virtudes Pomares, un agente especial de la Interpol huraño que tiene un conejo como mascota, y también su nuevo socio Pedro Santamaría, un pícaro investigador que afirma tener poderes psíquicos.

Por otro lado, Hiroto sobrevive en el Raval barcelonés trabajando como detective privado resolviendo casos de lo más variopintos y extraños, sabiendo que algún día regresará su némesis el sicario “Sonrisa Muerta” para cumplir con la amenaza que le hizo la última vez que se vieron las caras.



Opinión personal
Hiroto Matsumoto es un detective japonés nacionalizado español que nos recuerda a Torrente por su  personalidad machista, sexista y vulgar. No obstante, se diferencia del mismo en su honradez. Al principio me pareció un personaje demasiado desagradable, pero debo reconocer que a lo largo de la obra consigue resultar entrañable (a su manera). 
En cuanto al resto de personajes, son prototípicos y bien definidos.

Del libro se podría decir mucho, pero intentaré sintetizar aquí lo principal.
La trama es muy completa; encontraremos acción, intriga, humor vulgar y amplias descripciones de escenarios de excepción. Por otro lado, su narración deja que desear. Se hace notar su falta de revisión entre errores ortográficos, gramaticales y de puntuación.

Su lectura resulta densa en ocasiones como consecuencia de sus constantes repeticiones y amplias descripciones. Las escenas intercalan una acción y misterios propios de una película policíaca con momentos de humor tremendamente surrealista que no deja de sorprender. He de suponer que podrá divertir mucho a un público muy concreto, aunque hay que destacar que el libro es totalmente +18.


Por lo demás, y a modo de sugerencia, considero que la idea erra en el formato. Seguramente encajaría mejor en un cómic que ilustrase adecuadamente la pretensión del autor, especialmente en cuanto a su forma de humor se refiere.


Valoración
Recomendado para aquellos que gusten de un “humor a la española” algo simplificado. Personalmente, me ha parecido entretenido pero con falta de cuidado (en su escritura). 


2/5

                    

Pues esto ha sido todo, chicos.
Agradecer a Neverland Ediciones el envío.
Os recomiendo consultar sus publicaciones porque, independientemente de mi valoración, seguramente podréis encontrar cosas de vuestro agrado.

También daros las gracias a todos aquellos lectores que seguís confiando en mí cada semana y formando parte de todo esto.
No me cansaré nunca de decir que SOIS GRANDES.
Gracias.

Por supuesto, nos vemos en la próxima.
Os quiero.
Leo

lunes, 21 de diciembre de 2015

Fantasía Lésbica

No te pongas nerviosa, Laura, esto es sólo un juego. Relájate... déjate llevar. Quiero que te rindas a mi voz y dejes de pensar en todo lo demás. Pondremos una única regla: aquí y ahora seremos sólo tú y yo.

Déjame ser mala, déjame a mí llevar las riendas. Tú sólo escucha. Pienso narrarte despacio y sin prisas todo lo que pasa por mi mente ahora mismo. Recuerda, se trata de un juego, así que disfruta.

No voy a tocarte, no puedo hacerlo y lo sabes. Pero no te preocupes, puedo hacerte sentir hasta el punto que desees. Yo marco la historia y tú sus límites. ¿Te parece?

domingo, 20 de septiembre de 2015

La chica de portada (Relato erótico)

+18
Laura estaba apoyada sobre la encimera, vestida únicamente con un sujetador de encaje blanco y una braga tanga del mismo color. Supuse que estaba tomando algo antes de desayunar o quizás ojeaba una de las revistas que tenía sobre la barra americana.
-No te muevas, no hace falta- dije acercándome a ella.

Yo, un niñato veinteañero, caminando lentamente hacia una mujer de portada. Aún me costaba creerlo, pero pensaba disfrutar de su compañía hasta el último segundo.
La abracé desde atrás y acaricié su vientre con las yemas de mis dedos. Sonreí al ver que soltaba una de las revistas.

-Buenos días- susurré junto a su oído izquierdo.

No dijo nada, tomó aire e imagino que se mordió el labio o debió de adoptar un gesto similar. Seguí acariciando su vientre mientras besaba su hombro. Pude notar en mis labios el estremecimiento que provocaba en su piel; era delicioso...

Ambos mantuvimos el silencio y las caricias. Una de sus manos se cruzó entre las mías y se enredó entre mis dedos. Su cuerpo se contraía levemente ante el contacto con el mío. El calor aumentaba entre los dos de la misma forma en que lo hacía el roce.

Alcé una de mis manos y toqué el límite del sujetador. Sonreí, conocía aquella prenda a la perfección. Palpé la parte frontal y la desabroché. Toqué su pecho con ambas manos, sintiéndolos turgentes y bien situados.

Se inclinó aún más, apretando su trasero contra mi paquete en aumento. Correspondí su movimiento sujetando sus caderas y tirando de ella aún más, haciéndola así sentirme más fuertemente.

Le quité la prenda con un rápido movimiento, dejándola caer por sus brazos. Ella curvó su espalda y posó espléndida ante mí. Me detuve a mirarle el trasero, bien definido, provocativo... Lo toqué, no contuve mi deseo de agarrarlo y darle un cachetazo. Ella giró como respuesta a mi actitud encendida y volvió a provocar el encuentro de nuestros cuerpos.

Esta vez nos besamos; era mucho mejor que la noche anterior. Hasta sus labios parecían saber mejor. Noté asimismo su deseo. Se manifestaba en su forma de morderme, de agarrarme, de pedirme a gritos y en silencio que la poseyese allí mismo.

Podría haber prolongado el momento, pero mi instinto me lo impedía. Bajé hacia la única prenda que entonces la cubría a toda prisa, dejando entre sus pechos y su vientre dibujada la estela de mis labios. No pude ni tan siquiera alzar la mirada.

El tiempo se dilató en interminables segundos. El tacto de la lencería se rendía bajo las yemas de mis dedos. Pude oler el aroma del suavizante mezclado con el de la lujuria y las hormonas en ebullición.
Se empezaba a intuir su sexo pero Laura me agarró las manos y las frenó en seco. Me hizo poner en pie y llevó una mano a mi entrepierna, acercando sus labios a mí:

-Quiero jugar yo primero.

Su tono evidenciaba sus siguientes movimientos. Palpaba el bulto que se erguía bajo mi pantalón de pijama y luego me despojó de la prenda. Se arrodilló ante mí y repitió todo el proceso con mi bóxer.

Fui yo quien en ese momento quedó desnudo, apoyando la espalda y los codos sobre la barra americana. Mi bóxer había cedido entre sus manos y mi miembro esperaba el inminente contacto.

Me lanzó una mirada pervertida justo antes de acercar sus labios a mi glande y besarlo suavemente. Luego sacó la lengua y me lo humedeció con deleite. Yo estaba a punto de explotar de deseo, de ganas de empotrarla allí mismo. No obstante, me contuve y la dejé hacer.

Aparté su pelo hacia un lado y ella, agarrando la base de mi pene, se lo metió casi entero en la boca. Con la otra mano empujé su nuca para tratar de hacerla engullir. Ganó un par de centímetros y casi alcanza a rozar mi pubis a costa de una pequeña arcada.
Repetimos el movimiento unas cuantas veces más; mis caderas tomaron solas el ritmo y casi sin darme cuenta continué follándole la boca. Ella se entregó totalmente a la felación, probablemente la mejor que había recibido en mi vida.

La dejó y me miró. Lo que encontraría en mí sería un gesto de sorpresa y ganas de más. Se levantó y siguió provocándome con un contoneo de caderas, de espaldas a mí. Me incliné para besarle un cachete y darle otra palmetada. Acto seguido, le bajé la braga tanga con rapidez.

Rocé mi miembro entre sus nalgas a la par que dejaba mi mano descender por su sexo en busca de su placer. La toqué, la sentí húmeda y entré sutilmente en ella. Un dedo, luego dos y hasta tres. Luego abandoné su vagina y me entretuve con su clítoris.
Se inclinaba aún más para recibirme y yo... bueno, yo seguía masturbándola con las ganas alcanzando niveles inaguantables. Su respiración se agitó junto al ritmo de mi manoseo. Mi pulgar se coordinaba con otro par de dedos y lograban provocar algunos gimoteos ahogados en la increíble chica de portada.

Coloqué una mano en su cintura y con la otra dirigí mi miembro hacia su encuentro. La penetré suavemente para empezar, sintiendo como cedía su cuerpo a mi paso.
Ya dentro, empecé a embestir rítmicamente mientras masturbaba su clítoris con la mano que me quedaba libre. Mi torso pegado a su espalda, sus manos apoyadas sobre la encimera y su silueta dibujada en un solo contorno con la mía.

Aumenté el ritmo de mis penetraciones. Podía sentirla tierna, húmeda, cachonda... Sus gimoteos me encendían más y más. Deseaba desfogar como nunca, acabar dentro sin pensar en nada. Ella, a su vez, me incitaba:

-¡Dame! Dame más. No pares- su voz se entrecortaba por los incesantes jadeos y el vaivén que provocaban mis empujones contra su cuerpo.

Y eso hice, darle más. Sonaba cada colisión, cada nuevo encuentro de nuestros cuerpos. Un nuevo cachetazo producto de la activación y lo di todo, follando como un animal en celo.

-¡Sí! ¡Sigue! ¡Me corro...!- gemía con una voz más aguda de lo normal, propia de las profesionales del cine x.

Nos detuvimos unos pocos segundos. Ahora me tocaba a mí culminar, pero no lo haría en esa postura. Tampoco en aquel lugar. Nos desplazamos varios pasos y pronto llegamos a la sala de estar. Siguiendo mis indicaciones, se colocó en el sofá a cuatro patas, pero no de la forma en que yo tenía pensada.

Sujeté sus piernas, primero una y luego otra, situándolas en el reposabrazos del sofá. Con su cabeza apoyada contra un cojín, conseguimos una inclinación perfecta y una postura de entrega total a mi placer.

Alejó las rodillas y se abrió a mí. Volví a entrar en el calor de su cuerpo, a sentirla bien, a gozarla. Esta vez actué sin contemplaciones, lanzando embestidas más propias de la ira que de la lujuria.

-¡Córrete! Vamos, córrete ya- exhalaba extenuada.
-Sí... ya... Ya llega.

Tomé aire, cerré una milésima de segundo los ojos y la saqué de inmediato para liberar una potente eyaculación sobre su culo. Ambos respiramos aliviados al instante. Me sentía renovado, pero también agotado.

Nos limpiamos. Yo me quedé sentado en el sofá esperando el momento oportuno para reaccionar y lancé una sonrisa cómplice a Laura, que volvía a la barra americana para desayunar y retomar energías.



    © Leo Sarmed. 2015.
    Relato protagonizado por Laura Manzanedo y dedicado a la misma.
*Si quieres un relato personalizado, sea público o privado, contacta conmigo: leo.sarmed@gmail.com