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viernes, 24 de junio de 2016

¿En qué piensas?

Escucha la siguiente canción. Cierra los ojos.
¿En qué piensas?



Pienso en la soledad de una madrugada tranquila.
Pienso en la bella curva de su culo cuando me folla.
Pienso en el humo del café y en su olor. Casi puedo sentir su olor.

Pienso en una caricia fantasma, o en un millón de ellas, no lo sé.
Pienso en las calles empedradas de Granada. La luna llena iluminándolas en la soledad de una oscura y fría madrugada.
Pienso en unos labios que no me besan pero permanecen cerca.

Me duelen los pies de caminar. Me duele el alma de soñar.
Pero sigo caminando. Estoy quieto. Sigo soñando.

Hay un hueco que ni siquiera el amor más profundo puede llenar. Ese espacio pertenece al arte. Cuadros desdibujados que nunca pinté.
Y la poesía jamás escrita. Esa... permanece perdida en los susurros del ayer.

Pienso en el sudor de su espalda mientras me folla.
Pienso en las palabras pero no las pronuncio. Ni siquiera en mi mente. No cobran forma ni significado. Son sólo eso: palabras.

Los ojos pálidos de aquel lobo. La sangre que emana de un mordisco. Los límites de una realidad desdibujada que nunca habité. Una realidad perdida en el incienso del ayer...

Recorro uno a uno todos los tatuajes de su piel. Pienso en volver a ser.
Pienso en alcanzar la gloria. Morir muy lentamente mientras me folla.
Beberme las lágrimas que recorren su pecho para saciar mi sed.
Sabor amargo el de las mil derrotas. Se mezcla con el salado de su sudor al ser en mí.
El amargo del café se mezcla con el salado de su culmen empíreo en mi garganta.

Pienso en la sonrisa y los gestos, en llorar mientras me folla.

sábado, 18 de junio de 2016

EL MASAJE | Parte 2 (Erotismo gay)

Estaba sentado sobre su cuerpo. Dejé de masturbarlo para acto seguido dirigir el extremo de su miembro al encuentro de mis nalgas. Lo situé bien en la línea de mi culo y acompañé el roce con más lubricante. Una vez conseguida la situación deseada, me incliné hacia adelante y comencé a moverme suavemente para que su miembro se deslizase por la línea de mi culo sin llegar a entrar. Me gustaba jugar y, a juzgar por su gesto entonces, a él también le atraían mis juegos.

Proseguí con mis movimientos de vaivén intensificando el roce por momentos. Me encantaba sentirlo tan duro y humedecido, resbalando sin problemas por mi piel. Quizás la situación daba pie a un polvo totalmente predecible y simple; bastaría avanzar un paso introduciendo el miembro y sentándome despacio mientras contraigo el rostro por un breve dolor inicial. Pero no. No me gusta hacerlo tan simple. Y no lo hice.

sábado, 11 de junio de 2016

EL MASAJE | Parte 1 (Erotismo gay)

Presioné un botón y la música empezó a sonar gradualmente. Toda una recopilación de sonidos nos evocaba a un oriente próximo, a las fantasías de las mejores narraciones del romanticismo. Me senté ante él en la cama. Todo estaba preparado, mi cuerpo semidesnudo ante su cuerpo completamente desnudo. En mi mano derecha, una cerilla prendida. En la izquierda, una vela de color rosado. Acerqué la llama ante su atenta mirada y la mecha pronto empezó a arder. Paseé aquel fuego por delante de sus ojos durante un escaso minuto, pero eso sí, muy despacio.

Yo soy de los que piensan que los momentos de placer hay que vivirlos despacio y, cuanto más, mejor. Lo bueno hay que eternizarlo, y eso hacía en todo momento. Intentaba grabar en su memoria y perpetuar para siempre cada instante que la noche regalaba.

Solté la vela sobre la mesita de noche y le indiqué que se pusiese cómodo. Se tumbó de espaldas a mí y me coloqué a horcajadas sobre su cuerpo. El ambiente comenzaba a oler a algo erótico y afrutado. Una tenue y lejana luz bañaba una situación templada, ideal.

jueves, 2 de junio de 2016

El otro amor

Hoy os voy a hacer imaginar algo distinto.


Todo alrededor está en calma. Sólo el sonido de las copas de los árboles mecidas por el viento rompe el silencio del lugar. Ante ti, el chico cuya mirada te da la vida. Te llama para que te acerques un poco más y eso haces. Te sientas sobre su regazo, abrazas su cuello y estrecháis labio contra labio en un tierno beso.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Sex Art

Suspiros.
Fantasías.
El olor de su pelo.
El roce de su piel y la mía.
La intensidad de su mirada cuando me mira.
El calor aumentando por momentos en la habitación.
El mundo y el infinito desapareciendo a nuestro alrededor.
Unas caricias levantando mi camiseta. Mi cuerpo mostrándose desnudo ante el suyo. Algunos susurros anticipando la jugada y el incienso flotando por toda la habitación. El clima ya estaba creado, sólo faltaba jugar.

lunes, 16 de mayo de 2016

COSAS DE CHICAS | Capítulo 2. Fotografías

No os lo había dicho, pero ella se llama María. Me llamó una semana después para pedirme un favor un tanto especial. Al parecer le habían hecho un envío y tenía que hacerse una sesión de fotos para mostrar las prendas. Lo tenía todo preparado: su réflex, el maquillaje y el estilismo que utilizaría, así que me dispuse enseguida y salí a su encuentro.

Pensé que las fotos se harían en exteriores, pero me equivocaba. Aquel día me enseñó por primera vez su dormitorio. Entré siguiéndola a ella, vestida con un primer conjunto de pantalones cortos y blusa. Estaba preciosa.

La habitación era increíblemente grande y estaba adornada en tonos pastel. No la imaginaba así para nada, no iba con ella. De cualquier modo era igualmente bonita. Preparó unos focos y toda la luz se centró en la cama. Allí se puso, dando unos pequeños saltos antes de empezar e invitándome a unirme. Decliné la propuesta, exhibiendo un fingido gesto serio con la cámara en la mano y lanzando un par de instantáneas imprevistas.

viernes, 13 de mayo de 2016

COSAS DE CHICAS | Capítulo 1. Algunas copas de más.

-¿Estás bien?
-No mucho, la verdad.
Era curioso, cómo una persona que apenas me conocía era capaz de darse cuenta de mi estado de ánimo con tan sólo una breve conversación a través de mensajes en el móvil.
Os contaré una historia en la que aún estoy inmersa. No sé si quiera cómo continuará, si tendrá un final feliz o si carecerá siquiera de él. Aun con todo sí que conozco su principio y me atrevería a situarlo en esa frase escrita en la pantalla de mi teléfono: “¿Estás bien?”. Sí, no me cabe duda, ahí empezó todo.

-¿Te apetece salir?
-¿Ahora?
-Bueno… sí. Dentro de un rato. Podemos tomar algo si te parece.
-¡Hecho!

No pude evitar sonreír por la propuesta. Seré sincera, ella me gustaba a pesar de creerla hetero. Sería horas después, entre copas, cuando me confesaría su bisexualidad y su situación en la familia. Pero no adelantemos acontecimientos y sigamos por donde iba…
La esperaba en una plaza bastante amplia y concurrida de la ciudad. Pronto la distinguí de entre el gentío. Es una chica muy característica con su gorra hacia atrás, su melena larga y rubia, su tez fina como la de las muñecas de porcelana, su camisa desabrochada, sus pantalones cortos y sus botas negras. Le faltaba el skate que a menudo llevaba consigo. Lo que no le faltaba era esa bolsa/mochila que siempre cuelga en su espalda. Sí, la miré de arriba abajo y luego la saludé con un abrazo más cordial que cercano.

Debo decir que nunca antes habíamos quedado. Las pocas miradas que habíamos cruzado habían tenido lugar entre clases. Agradecí mucho su simpatía y su disposición para animarme. Interpreté todo ello como un gesto de buena fe más que cualquier otra cosa, aunque tras el giro de los acontecimientos no sé realmente qué pensar.
Primero dimos un paseo durante el cual empezamos a conocernos algo mejor. Tras el mismo nos fuimos a cenar, pero de todo ello hay poco que destacar más que algunas indirectas o miradas atrevidas.

Eran las once de la noche cuando me insistió en que fuésemos a tomar unas copas. Acepté sin pensarlo demasiado. Me dejé convencer básicamente porque quería estar con ella. Me llevó a un lugar cercano pero muy tranquilo. Había algo de música de fondo y un juego de luces que aportaba al conjunto un aspecto bastante… íntimo.

Uno de los gestos que más me sorprendió en la noche fue que, tras pedir la consumición, me acompañase agarrada de la mano hacia una de las mesas altas del bar. En ese momento intenté no darle mayor importancia. Total, es esa clase de comportamientos que tienen muchas chicas hetero cuando salen con sus amigas.

Pero la cosa no quedó ahí. Hablábamos de mí, de lo que me pasaba. Le comenté que lo había dejado con mi novia recientemente y que no me encontraba en mi mejor momento. Acto seguido, se levantó de su asiento y se acercó a mí para darme un abrazo. Juntó sus labios a mi oreja y dijo en voz baja: “Eres una chica increíble, nunca lo olvides”.

Me limité a darle las gracias, no sabía cómo reaccionar a eso. Por otro lado, cerré los ojos durante un instante eterno para imaginarla susurrándome como hacía, de cerca, mientras su abrazo se deshacía en caricias sobre mi cintura. Fue extraño, pero empecé a desearla aún más. Ya no se trataba de una cara bonita ni de una chica con estilo; todo para mí había pasado a otro plano. No sabría deciros si me refiero a algo carnal o sentimental, lo único que tengo claro es que empecé a tener ganas de ellas sin pensar en nada más, dejar que el resto del mundo desapareciese y que ella nunca dejase de abrazarme o de hablar tan cerca de mi oído y mi cuello.

La conversación continuó tratando el tema de su orientación sexual. Se consideraba abiertamente bisexual, aunque por cómo lo expresaba me daba la sensación de que lo decía por aceptación social. No importaba, era simpática y me alegraba estar conociéndola. Me sentía cómoda, segura. Es una sensación muy dulce percibir en pocos minutos que puedes confiar en alguien.

Salimos a la puerta para fumar. Éramos las únicas allí. Hacía frío pero poco nos afectaba eso. Tomó una gran calada de su cigarro, se puso ante mí y se acercó para soltar todo el humo contra mi boca. Me pareció un gesto provocativo, gesto que repetí hacia ella. Nos miramos como congelando el espacio tiempo y pronto apartamos las miradas hacia otro lado. La situación se volvió tan silenciosa como tensa.

Casi sin darme cuenta me vi atrapada entre ella y la pared. No tenía escapatoria y el alcohol se encargaba del resto. Posó una de sus manos en mi cintura y llevó la otra a mi nuca. Avanzó y me apretó contra sí “robándome” un beso que yo estuve encantada de darle. La cabeza me daba vueltas, los acontecimientos me superaban y no podía menos que rendirme a ella.

Se me olvidó todo aquello por lo que estaba triste. Ahora, en cambio, me sentía desconcertada. Caminamos juntas en silencio, sumidas en una calma no tensa pero sí incierta. Me acompañó hasta el portal de mi casa, donde permanecimos un par de minutos sin saber qué decir. Finalmente, ella rompió el silencio:

-Espero que volvamos a vernos pronto.
-Seguro que sí- respondí esquivando su mirada.
-Escríbeme.

Dicho esto, sujetó mi barbilla sin esperar una respuesta de mi parte. “Quiero que estés bien”, fue lo último que dijo. Juntó sus labios a los míos y los pude sentir con toda su ternura. Su respiración estaba ahora más sosegada que en nuestro anterior beso.


“Buenas noches”.


***

       Leo Sarmed. 2016.

martes, 19 de abril de 2016

El inspirador mensaje de un tetrapléjico

Apareció ante todo un público expectante.
Lo empujaba una tercera persona, era evidente que él no podía moverse.
Cuando cesaron los aplausos, comenzó a hablar...
                    

"Hola a todos y gracias por asistir a esta charla. Empezaré aclarando que no estoy tan nervioso como quizás lo estaría cualquiera de ustedes. Al menos, no estoy temblando. Como pueden ver, no puedo sentir nada ni nada vibra en mi cuerpo de cuello para abajo. Todo en mi vida cambió a raíz de un accidente. Y digo cambió. Por fortuna, no acabó.

¿Cómo afrontar algo así en tu vida? Todo se vuelve muy distinto. En primer lugar, dejas de poder abrazar a quienes amas. Dejas de ser quien eras, de poder manifestar tu vitalidad corriendo o saltando. El frío, el calor y el estremecimiento ante algo agradable desaparece de la mayor parte de tu piel. Dejas de poder controlar lo que creías más sencillo, tu propio ser.

Contratiempos así te impiden incluso perseguir ese cuerpo 10 que tantos promueven. Pero no os preocupéis, también cambian las prioridades. Os digo esto porque salen a relucir los detalles que a menudo ignoramos y que merece la pena contemplar. He perdido mucho, mucho se me ha quedado en la calzada una oscura noche de mi vida, pero también he ganado. He ganado todo aquello que tenía y no tenía, lo que a todos nos rodea pero que permanece invisible en nuestro día a día. Todo eso comenzó a hacerse visible para mí. Es por eso que quería compartir esta reflexión con ustedes.

Es cierto que dejé de controlar mi cuerpo, pero no quien era. Eso nunca cambió. De hecho, se potenció. Se potenciaron mis ideales, mis ganas de luchar, de divulgar todo aquello en lo que creía o de fortalecer en otros algunos valores olvidados. Como éste del que hoy hablo...
Mientras tengas alma, mientras puedas pensar y manifestarte al mundo, estás vivo. Y mientras estés vivo, tienes un sentido. Da igual lo difícil que sea, incluso lo que duela. Os puedo asegurar que tiene sentido. Aprovechar cada latido o cada respirar para hacer algo en lo que creas, día a día. Tiene sentido...

Si bien desaparecen muchas sensaciones, no tu forma de comprenderlas, de hallarlas en las miradas de otras personas, en su piel, incluso en su forma de suspirar. La empatía... algo a veces infravalorado y vital para ser entre las personas.
Dejé de estallar en movimientos con la alegría, pero habiendo aún pasión, nada podría frenarme. No necesitaba velocidad. Teniendo impulso podía correr, volar y soñar como lo hace un niño. Tan sólo basta creer y superar todas las barreras, porque ese impulso nace de dentro. Tampoco eso cambió, se potenció. Perseguí con más ahínco mis objetivos, dejé de luchar cada día para vivirlo como un regalo y agradecí cada uno de los "nuevos" detalles que descubría.
Total, ¿quién necesita correr teniendo alas?

Y por último... Claro que duele dejar de poder abrazar a quienes amas, pero incluso de eso aprendí algo. No cambiaba mi forma de amarles ni alejaba de mí a quienes me querían. Ellos seguían ahí y aunque no pudiese dar un abrazo o un beso, sí podía recibirlos. No podía demostrar los gestos, pero podía sentir. El sentimiento, lo que de verdad nos mueve para acercarnos a alguien y demostrarlo, nace dentro.
Resulta increíble cómo cuando te sobran las manos, los brazos y el cuerpo entero, va tu alma con ímpetu y sale por tus ojos en forma de mirada hacia esa persona cuando la tiene en frente, como buscándola.

Y es que como os decía:

Mientras tengáis alma, mientras tengáis pasión, mientras tengáis a quien amar...
Todo tiene sentido.

Muchas gracias"




    © Leo Sarmed. 2016.
Relato dedicado con todo mi cariño, respeto y admiración a todos aquellos a los que la vida les ha puesto a prueba.


lunes, 28 de marzo de 2016

Amé fuerte

Quien abraza el amor abraza la vida, pero también el dolor.
                    

Amé, amé fuerte como se ama la música que resuena fuerte en las entrañas. Me embriagué tantas veces en recuerdos que me volví inmune a mí mismo, a mis quejas, a mis preguntas, a mis propios reproches... Caí, caí desde tan alto que dejé de temer al dolor mismo. Dejé de temer a intentar echar el vuelo.
Sufrí, sufrí aprendiendo porque sólo se desgasta las suelas aquel que camina vasto y largo. Y no soy nada, sigo sin ser nadie, sólo un niñato. Me río cuando pienso mientras tengo sólo veinte años.

sábado, 12 de marzo de 2016

PROTAGONISTA | Capítulo 1

Nuestro presente es nuestra única certeza.
Irónicamente, no nos pertenece.
Nosotros pertenecemos a él.

Cerraste los ojos. Siguiendo mi guión, te dejaste llevar por otro tipo de sensaciones que entonces te abordaban. El frío del mar acariciando tus pies arrancaba de pronto una sonrisa de tus labios. Yo estaba a tu lado y podía verlo, podía ver tu gesto de placer y suma tranquilidad, cómo alzabas las cejas levemente e inspirabas profundamente, llenándote del olor a arena y sal.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Una historia casi real | Fanfic de Yellow Mellow

El sol buscaba ocultarse más allá de las aguas que bañaban Sydney. Ella, sentada en la orilla, miraba en silencio la belleza que el mundo le regalaba una vez más. En cuanto a mí, bueno... yo también estaba formando parte de ese mundo bello.

Me acerqué lentamente, como quien aún no se cree un sueño hecho realidad. Me acerqué para mencionar primero su nombre. Se giró, mirándome sin cámara ni monitor de por medio, con esa mirada que conecta un ojo con otro sin intermediarios.

"Gracias", es lo único que acerté a decir. Su gesto extrañado buscaba alguna razón reciente para mis palabras, pero no éstas no eran tales. Habría que remontarse años atrás, a un joven aún adolescente y a la locura de una mujer no demasiado conocida por entonces.
Me senté a su lado, sujeté su mano y aproveché la oportunidad para decir lo que tantas veces había pensado. Pero no estaba solo. Miles de voces de todo el mundo conectaron conmigo para enlazar a la perfección las palabras adecuadas.
En realidad, lo que dije no fueron simples palabras; fueron actitudes, momentos, sentimientos y valores compartidos por tantos:

"Gracias por haber sido tú, por haber sido tú con tus seguidores, conmigo. Gracias por haber sacado fuerzas de cualquier momento para arrancar sonrisas a otras personas, por haberme hecho sonreír. Gracias por tu locura y también por tu cordura. Gracias por tus ideales, por tu firmeza, por tu dedicación y por hacer que parezca fácil ser feliz.
Melo, gracias por haber demostrado que en unos pocos minutos y en una pequeña ventana cabe la magia".

No abrió la boca, aunque sus ojos lo dijeron todo. Los últimos rayos de sol se reflejaban en ellos como un halo celeste. Sonrió, de esa forma calmada y sin prisa. Abrió los brazos a mí y me recogió con fuerza entre ellos. Dejé la cabeza caer encima de su hombro y cerré por unos segundos los ojos al atardecer. Hay cosas que es mejor sentir muy adentro.


Ese era el gesto. Ese, el momento.
Esas eran las palabras y ese, tan onírico como real,
era mi sueño.



© Leo Sarmed. 2016.
Relato dedicado a Yellow Mellow y a sus fans.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Fantasía Lésbica

No te pongas nerviosa, Laura, esto es sólo un juego. Relájate... déjate llevar. Quiero que te rindas a mi voz y dejes de pensar en todo lo demás. Pondremos una única regla: aquí y ahora seremos sólo tú y yo.

Déjame ser mala, déjame a mí llevar las riendas. Tú sólo escucha. Pienso narrarte despacio y sin prisas todo lo que pasa por mi mente ahora mismo. Recuerda, se trata de un juego, así que disfruta.

No voy a tocarte, no puedo hacerlo y lo sabes. Pero no te preocupes, puedo hacerte sentir hasta el punto que desees. Yo marco la historia y tú sus límites. ¿Te parece?

domingo, 25 de octubre de 2015

Salón de actos | Ángel

Se halla una solitaria intérprete cantando en medio de un salón de actos, amplio, antiguo y abandonado. Le acompaña el sonido del piano y del saxofón, que nadie toca, pero que ella siente en su mente, que ella escucha en su corazón.

No hay público, sólo la luz de un foco que la ilumina como a un ángel celestial, que hace relucir sus finas facciones, sus brillantes ojos, su radiante cabello moreno.

Canta con una dulce voz que tampoco suena; también la imagina: es muda. Sueña con cantar y su voz se manifiesta bella y perfecta en su pequeño y dulce sueño.

Agarra el micrófono y grita, estremece el escenario; la canción vibra por los rincones, retumba en la madera; se agita el saxofón, se excita el piano en medio de la euforia desatada por la ilusión de quien nunca pierde la esperanza, por imposible que parezca.



                       © Leo Sarmed. 2015.
                           Dedicado a aquellas personas a las que les cuesta creer en sí mismas.

                    

Este no es un relato cualquiera.
Lo escribí en uno de los momentos más difíciles de mi vida.

Pero aún hay algo más que lo hace especial, y es que ha inspirado una de las canciones del grupo Versilia. El tema en cuestión, llamado Ángel, consiguió captar a la perfección lo que mi relato quería transmitir.



El martes 27 de octubre van a presentar su nuevo disco, Luces, junto al nuevo single, Ángel, y el videoclip de éste, realizado por Ciervo Producciones y protagonizado por una intérprete de excepción como es Ana del Rey Guerra.

Si queréis escuchar la canción, ya podéis hacerlo en los siguientes links:

Spotify: https://open.spotify.com/track/3LQTHwwrZm53GTnh4rYan9
iTunes: https://itunes.apple.com/es/album/angel-single/id1046931282
Amazon: http://www.amazon.es/%C3%81ngel-Ver…/…/B016F4ECKI/ref=sr_1_4
Google Play: https://play.google.com/store/music/album/Versilia_%C3%81ngel?id=B2xaxvdhsxs7fdpltaetlud5euu



Y para acabar, quiero dar las gracias al grupo por haberle puesto melodía a algo que en su día no tuvo siquiera voz.
A Rocío, Javier y Jorge:
GRACIAS.           
Leo

domingo, 4 de octubre de 2015

La voz de Rocío

Desperté. Desperté sin despertar, de esa forma en la que sales de un sueño para entrar inmediatamente en otro.

A escasos metros de mí se encontraba Rocío, ensimismada entre hojas y composiciones. A ratos murmuraba algún estribillo confuso y aún vacío, sin su música, sin su escenario. Sus versos se intuían en el aire, me envolvían sin saberlo; a ratos narrados, a ratos envueltos en su propia melodía.

Cerré los ojos para acercarme a aquella voz suave y dulce sin tan siquiera moverme un palmo. Logré deslizarme sobre su hombro y por entre sus labios; casi podía acariciar sus palabras y adentrarme en aquellas tantas historias creadas al margen del sopor de la madrugada.
Rocío cantaba y, sin dormir, Rocío soñaba.

Por un momento sentí su pelo, escuché su alma. Sabía transmitir entre acordes mil y una esencias en pretérito. Rocío no canta a lo que fue, no sólo se hace eco de lo que otros corazones sintieron. Rocío plasma sobre la melodía lo que siempre será: para algunos un recuerdo y para otros tantos, un bonito cuento.

Se gira, sonríe al hallarme despierto y se arranca a cantar. Su voz traspasa mi piel y me eleva al cielo.
¡Ay, Rocío, cuánto te quiero!


    © Leo Sarmed. 2015.
    Relato dedicado a Rocío, vocalista del grupo Versilia.
*Si quieres un relato personalizado, sea público o privado, contacta conmigo: leo.sarmed@gmail.com




domingo, 20 de septiembre de 2015

La chica de portada (Relato erótico)

+18
Laura estaba apoyada sobre la encimera, vestida únicamente con un sujetador de encaje blanco y una braga tanga del mismo color. Supuse que estaba tomando algo antes de desayunar o quizás ojeaba una de las revistas que tenía sobre la barra americana.
-No te muevas, no hace falta- dije acercándome a ella.

Yo, un niñato veinteañero, caminando lentamente hacia una mujer de portada. Aún me costaba creerlo, pero pensaba disfrutar de su compañía hasta el último segundo.
La abracé desde atrás y acaricié su vientre con las yemas de mis dedos. Sonreí al ver que soltaba una de las revistas.

-Buenos días- susurré junto a su oído izquierdo.

No dijo nada, tomó aire e imagino que se mordió el labio o debió de adoptar un gesto similar. Seguí acariciando su vientre mientras besaba su hombro. Pude notar en mis labios el estremecimiento que provocaba en su piel; era delicioso...

Ambos mantuvimos el silencio y las caricias. Una de sus manos se cruzó entre las mías y se enredó entre mis dedos. Su cuerpo se contraía levemente ante el contacto con el mío. El calor aumentaba entre los dos de la misma forma en que lo hacía el roce.

Alcé una de mis manos y toqué el límite del sujetador. Sonreí, conocía aquella prenda a la perfección. Palpé la parte frontal y la desabroché. Toqué su pecho con ambas manos, sintiéndolos turgentes y bien situados.

Se inclinó aún más, apretando su trasero contra mi paquete en aumento. Correspondí su movimiento sujetando sus caderas y tirando de ella aún más, haciéndola así sentirme más fuertemente.

Le quité la prenda con un rápido movimiento, dejándola caer por sus brazos. Ella curvó su espalda y posó espléndida ante mí. Me detuve a mirarle el trasero, bien definido, provocativo... Lo toqué, no contuve mi deseo de agarrarlo y darle un cachetazo. Ella giró como respuesta a mi actitud encendida y volvió a provocar el encuentro de nuestros cuerpos.

Esta vez nos besamos; era mucho mejor que la noche anterior. Hasta sus labios parecían saber mejor. Noté asimismo su deseo. Se manifestaba en su forma de morderme, de agarrarme, de pedirme a gritos y en silencio que la poseyese allí mismo.

Podría haber prolongado el momento, pero mi instinto me lo impedía. Bajé hacia la única prenda que entonces la cubría a toda prisa, dejando entre sus pechos y su vientre dibujada la estela de mis labios. No pude ni tan siquiera alzar la mirada.

El tiempo se dilató en interminables segundos. El tacto de la lencería se rendía bajo las yemas de mis dedos. Pude oler el aroma del suavizante mezclado con el de la lujuria y las hormonas en ebullición.
Se empezaba a intuir su sexo pero Laura me agarró las manos y las frenó en seco. Me hizo poner en pie y llevó una mano a mi entrepierna, acercando sus labios a mí:

-Quiero jugar yo primero.

Su tono evidenciaba sus siguientes movimientos. Palpaba el bulto que se erguía bajo mi pantalón de pijama y luego me despojó de la prenda. Se arrodilló ante mí y repitió todo el proceso con mi bóxer.

Fui yo quien en ese momento quedó desnudo, apoyando la espalda y los codos sobre la barra americana. Mi bóxer había cedido entre sus manos y mi miembro esperaba el inminente contacto.

Me lanzó una mirada pervertida justo antes de acercar sus labios a mi glande y besarlo suavemente. Luego sacó la lengua y me lo humedeció con deleite. Yo estaba a punto de explotar de deseo, de ganas de empotrarla allí mismo. No obstante, me contuve y la dejé hacer.

Aparté su pelo hacia un lado y ella, agarrando la base de mi pene, se lo metió casi entero en la boca. Con la otra mano empujé su nuca para tratar de hacerla engullir. Ganó un par de centímetros y casi alcanza a rozar mi pubis a costa de una pequeña arcada.
Repetimos el movimiento unas cuantas veces más; mis caderas tomaron solas el ritmo y casi sin darme cuenta continué follándole la boca. Ella se entregó totalmente a la felación, probablemente la mejor que había recibido en mi vida.

La dejó y me miró. Lo que encontraría en mí sería un gesto de sorpresa y ganas de más. Se levantó y siguió provocándome con un contoneo de caderas, de espaldas a mí. Me incliné para besarle un cachete y darle otra palmetada. Acto seguido, le bajé la braga tanga con rapidez.

Rocé mi miembro entre sus nalgas a la par que dejaba mi mano descender por su sexo en busca de su placer. La toqué, la sentí húmeda y entré sutilmente en ella. Un dedo, luego dos y hasta tres. Luego abandoné su vagina y me entretuve con su clítoris.
Se inclinaba aún más para recibirme y yo... bueno, yo seguía masturbándola con las ganas alcanzando niveles inaguantables. Su respiración se agitó junto al ritmo de mi manoseo. Mi pulgar se coordinaba con otro par de dedos y lograban provocar algunos gimoteos ahogados en la increíble chica de portada.

Coloqué una mano en su cintura y con la otra dirigí mi miembro hacia su encuentro. La penetré suavemente para empezar, sintiendo como cedía su cuerpo a mi paso.
Ya dentro, empecé a embestir rítmicamente mientras masturbaba su clítoris con la mano que me quedaba libre. Mi torso pegado a su espalda, sus manos apoyadas sobre la encimera y su silueta dibujada en un solo contorno con la mía.

Aumenté el ritmo de mis penetraciones. Podía sentirla tierna, húmeda, cachonda... Sus gimoteos me encendían más y más. Deseaba desfogar como nunca, acabar dentro sin pensar en nada. Ella, a su vez, me incitaba:

-¡Dame! Dame más. No pares- su voz se entrecortaba por los incesantes jadeos y el vaivén que provocaban mis empujones contra su cuerpo.

Y eso hice, darle más. Sonaba cada colisión, cada nuevo encuentro de nuestros cuerpos. Un nuevo cachetazo producto de la activación y lo di todo, follando como un animal en celo.

-¡Sí! ¡Sigue! ¡Me corro...!- gemía con una voz más aguda de lo normal, propia de las profesionales del cine x.

Nos detuvimos unos pocos segundos. Ahora me tocaba a mí culminar, pero no lo haría en esa postura. Tampoco en aquel lugar. Nos desplazamos varios pasos y pronto llegamos a la sala de estar. Siguiendo mis indicaciones, se colocó en el sofá a cuatro patas, pero no de la forma en que yo tenía pensada.

Sujeté sus piernas, primero una y luego otra, situándolas en el reposabrazos del sofá. Con su cabeza apoyada contra un cojín, conseguimos una inclinación perfecta y una postura de entrega total a mi placer.

Alejó las rodillas y se abrió a mí. Volví a entrar en el calor de su cuerpo, a sentirla bien, a gozarla. Esta vez actué sin contemplaciones, lanzando embestidas más propias de la ira que de la lujuria.

-¡Córrete! Vamos, córrete ya- exhalaba extenuada.
-Sí... ya... Ya llega.

Tomé aire, cerré una milésima de segundo los ojos y la saqué de inmediato para liberar una potente eyaculación sobre su culo. Ambos respiramos aliviados al instante. Me sentía renovado, pero también agotado.

Nos limpiamos. Yo me quedé sentado en el sofá esperando el momento oportuno para reaccionar y lancé una sonrisa cómplice a Laura, que volvía a la barra americana para desayunar y retomar energías.



    © Leo Sarmed. 2015.
    Relato protagonizado por Laura Manzanedo y dedicado a la misma.
*Si quieres un relato personalizado, sea público o privado, contacta conmigo: leo.sarmed@gmail.com

domingo, 6 de septiembre de 2015

Sueños


 “El peor enemigo de los sueños son las excusas” 

“Os digo esto porque mucha gente dice tener sueños, pero también tiene excusas para no perseguirlos. Algunos hablan de dinero, otros de tiempo, estos necesitan apoyo y aquellos, autoestima.

He venido también a compartir un pedacito de mi sueño con vosotros. Algo que quiero hacer en mi vida es comunicar, hacer llegar al mundo mi visión de cuanto me rodea.
Quizás algunos penséis que no tengo nada que decir. Pensar eso supondría en mí una excusa, porque tenga o no que decir, quiero hacerlo. Todos tenemos algo que aportar; todos tenemos algo que aprender. Y no sólo se aprende escuchando, porque hablando se cultiva el alma en su capacidad de acercarse a las personas.

martes, 19 de mayo de 2015

Relatos para leer con una mano

Las páginas nos acompañan temporalmente; su historia, toda la vida.

Este post es algo distinto a lo que soléis leer por aquí, pero me gustaría que os fueseis acostumbrando a lo impredecible, porque más adelante quiero daros más de eso.

Pero vaya educación la mía... Antes de nada, bienvenidos; bienvenidos a un fragmento de historia real que llevaba tiempo guardado en mí y que hoy saco a relucir en este espacio compartido tan especial.