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martes, 19 de mayo de 2015

Relatos para leer con una mano

Las páginas nos acompañan temporalmente; su historia, toda la vida.

Este post es algo distinto a lo que soléis leer por aquí, pero me gustaría que os fueseis acostumbrando a lo impredecible, porque más adelante quiero daros más de eso.

Pero vaya educación la mía... Antes de nada, bienvenidos; bienvenidos a un fragmento de historia real que llevaba tiempo guardado en mí y que hoy saco a relucir en este espacio compartido tan especial.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Granada #4 | Atraco, acoso y agresión.

Todo sueño tiene sus momentos de pesadilla.

Hola a todos, soy Leo Sarmed y hoy quiero compartir con vosotros nuevas vivencias en Granada.
Antes de nada quiero disculparme por haber tardado tanto en volver a informaros sobre novedades, pero lo cierto es que estoy muy liado con la universidad y asuntos del blog que ya iréis viendo.

Mi vida en Granada está siendo de todo menos aburrida, pero no daría a basto para contar todo lo que me sucede, por lo que voy a contar sólo lo realmente destacado y llamativo.

Este es un caso especial, y es que tuve incluso que cambiar de barrio. os contaré todo desde el principio.
Volvía a casa un lunes a las nueve de la noche. Estaba hablando con mi madre por teléfono por una avenida cuando dos chicos se me acercaron pidiéndome todo lo que llevaba encima. Lo que más me jodió de todo ese asunto fue que mi madre escuchase aquello y, obviamente, cayese en un estado de nervios tremendo.
No acertaba a enfrentarme ni salir corriendo. Mi primera reacción fue de incredulidad: "¿Cómo me puede estar pasando esto a mí?" Mi mente se bloqueó y sólo era capaz de hablarles sin parar.
En un principio se interesaron por un reproductor de música que llevaba encima, que incluso llegaron a tener en sus manos. Seguí hablándoles y explicándoles mi situación económica (real) mirándoles a los ojos, consiguiendo al final que me lo devolviesen y se llevasen sólo los auriculares (que en comparación es algo aceptable).

Luego llamé a mi madre para decirle que no había pasado nada, pero claro, ya podéis imaginar cómo estaba...
Desde entonces no salgo con la misma tranquilidad a la calle y tomo demasiadas precauciones en todo. Me costaba exteriorizarlo en un post y creí que quedaría en algo anecdótico, pero me equivocaba.

El siguiente problema lo sufrió una amiga mía que, cogiendo el bus en mi barrio al medio día, se encontró con un chico que empezó a acosarla presentándose, entablando conversación y metiendo mano. Ella se bajó del bus antes de su destino para tratar de alejarse de él, pero éste se bajó tras ella y la persiguió por tres o cuatro calles hasta que la detuvo y la obligó a darle dos besos, pidiéndole un tercero en la boca, a lo que ella se negaba rotundamente. Fue cuando alzó la voz cuando él cedió y la dejó tranquila, pero su mañana aquel día se llenó de ese temor y esa inseguridad que semanas antes me abarcaron.

Lo peor de todo sucedió hace relativamente poco, una semana más o menos. Volvía a mi piso con dos compañeros y esa amiga. Me sentía más seguro, iba acompañado y no debía de pasar nada, pero en una calle cercana dos chicos se fueron acercando a dos de nosotros y comenzaron una provocación. Yo me adelanté para abrir la puerta exterior del bloque y que la cosa no fuese a más, pero al asomarme vi cómo esos dos chicos se acercaban más a uno de mis compañeros. Ya en la puerta entramos tres y él estaba aún fuera cuando uno de los chicos alcanzó a darle una patada en el costado. Retrocedieron cuando lo vieron dispuesto a enfrentarse, pero mi amiga lo retuvo y lo metió en el bloque, cerrando la puerta tras de sí para evitar un conflicto mayor. Justo antes de ello, uno de los chicos amenazó a mi compañero con que llamaría a su padre para que le pegase un tiro.
Tras esa situación de amenaza, todos los compañeros del piso nos pusimos de acuerdo y buscamos otro lugar en el que vivir tranquilos, sin ese temor constante a que nos pudiese pasar algo.
Encontramos un piso ideal y bien ubicado. Mientras nos mudábamos, dormimos en otros sitios para no volver al piso ni el barrio anterior, tratábamos de evitarlo a toda costa.

Quisiera aprovechar este post para denunciar públicamente la deficiente protección de Granada. La poca vigilancia policial que hay se concentra en los núcleos turísticos, abandonando otras zonas residenciales donde hace mucha falta la presencia policial (como es el caso de ese barrio).
Aun así, me he fijado en que hay muy poca patrulla en Granada. Que me hayan podido atracar en una avenida dice mucho de esa ciudad y su cuidado.
Quizás también haya otros problemas a nivel educacional o social, que no entraré a reflexionar ni analizar más a fondo. Tan sólo expongo mi experiencia con frustración y desánimo porque ensucia la imagen de una ciudad que merece ser amada completamente. Su belleza poco tiene que envidiar a otras ciudades y su magia te envuelve a cada paso; es tan sólo ese cúmulo de detalles sociales el que destroza y echa por tierra cuanto la ciudad ensalza.

En fin, quería compartir con vosotros esto porque me parecía interesante y ya de paso me desahogaba un poco.
Espero que este post os haya entretenido y que comentéis dándome vuestra opinión al respecto. Dice mi antiguo casero que eso son cosas de críos: ¿Vosotros creéis que son cosas de críos? ¿Podríais vivir en un barrio así?

Y, como siempre, ya sabéis, muchísimas gracias por estar ahí una vez más, formando parte de todo esto y dejándome compartir estos trocitos de mí.

Un abrazo muy grande y...
¡Hasta la próxima!

domingo, 26 de octubre de 2014

Hammam Al Ándalus | Sumérgete en la historia

Vuelvo a abriros las puertas de mi sueño; esta vez para sumergiros en la historia.

Granada es una ciudad que no deja de sorprenderme muy gratamente. En esta ocasión, debo agradecer a Hammam Al Ándalus Granada la invitación a sus baños. La experiencia superó todas mis expectativas, por lo que ahora quiero intentar apresar en palabras todo ese cúmulo de sensaciones del que fui partícipe.

Te puedes encontrar con el primer estímulo en el exterior. El lugar está situado en una calle cercana a la Alhambra, en una zona muy turística de la ciudad. Ya paseando entre sus adoquines percibes el embriagador olor a relax y evasión que emanan los baños. 

Cuando atraviesas la puerta de entrada, el tiempo se detiene; entonces te das cuenta de que has entrado en otra dimensión.
La atención y amabilidad del personal es algo que no debe pasar desapercibido, dignas también de mención.

La espera del turno de entrada tiene lugar en un patio de temática muy cuidada, con música árabe relajante, fragancias evasoras, una fuente acompañando el sonido, unos sofás muy confortables y el mejor té que he probado hasta la fecha (té verde con menta).

El siguiente paso antes de entrar en las termas es la entrada a los vestuarios. Decir que éstos están muy bien equipados, (puedo hablar sólo del masculino), cuentan con gel de ducha, espuma, gomina, secadores y taquillas automáticas. Además, tienen cortinas en sus distintos compartimentos para aportar cierta privacidad durante el cambio de ropa.

La primera estancia con la que nos podemos encontrar es la sala fría (17º-18º), con piedra para sentarse a tomar el té y una piscina de agua fría. Reconozco que no soy capaz de entrar en esas piscinas, pero quienes lo hacen lo recomiendan encarecidamente, ya que relaja en gran medida la musculatura y, según he escuchado, marca bastante la diferencia.

Siguiendo el recorrido, pasamos a otra sala en la que podemos tomar el té disfrutando de la decoración árabe de los baños. En ese mismo lugar podemos disfrutar de unas muestras de olor de lavanda, rosa, flor del granado y ámbar rojo. Es todo un estímulo para los sentidos.

A mano izquierda dejamos un precioso arco árabe para entrar en una piscina alargada de poca profundidad, ideal para dejar el cuerpo flotar. Quisiera remarcar esa experiencia. Me situé en el centro de aquella gran piscina y, tras observar el pasillo y la bóveda de tan temática imagen, dejé mi cuerpo a voluntad de las ondas del agua. Perdí la noción de mí mismo, fue como fundirme con un todo durante un instante de esos fugaces y eternos.

Mi piscina favorita es la de agua caliente. Descender un par de escalones y dejarse sumergir totalmente, sintiendo el calor abarcar tu cuerpo, es caer en la gloria. Todas esas sensaciones que entran por la piel parecen ascender a la cabeza y colmarte totalmente de un placer sumamente relajante, o un relax sumamente placentero, según se mire. También me gusta por lo exquisito de su decoración. Las paredes presumen sus motivos árabes dorados y tras una pequeña bóveda emana un hilo de agua.

La siguiente piscina es la de agua templada. Más amplia que las anteriores y más profunda. Ideal para relajarse entre sus columnas. Yo aprovechaba su temperatura para relajarme tras un rato de calor en la piscina caliente o el baño de vapor.
Este último es también muy relajante, pero sobretodo diría que purificador. Sudar sentado en la piedra caliente y respirando vapor te hace sentir más limpio, por fuera y por dentro. Es como si toda la suciedad y la energía negativa emanase de tu interior y saliese por los poros de la piel para no volver. Allí inspiraba yo el aire a bocanadas para llenar bien mis pulmones y limpiarlos. Mencionar también que es bueno para diversos problemas circulatorios y personas fumadoras.



Y ¿qué decir del masaje? Tuve el enorme gusto de poder disfrutar de un masaje de media hora que recorrió mi espalda, piernas, brazos, cabeza y cara. Sé que me estaréis envidiando un poco, pero permitidme que me deleite en la explicación de lo que supuso para mí todo ello.
El masaje te lo pueden dar con aceites de los distintos olores que antes mencioné. Yo elegí el de ámbar rojo y creo que no me equivoqué.
Resulta indescriptible la forma en que los dedos se movían sobre los puntos claves de mi cuerpo y estimulaban mis terminaciones nerviosas. Podía sentir esas corrientes eléctricas ascender hasta mi nuca y un leve cosquilleo en mi cabeza.
Tras el masaje, dejé de ser persona. Me recomendaron echarme en la piedra redonda que había al fondo del pasillo y eso hice. Me tumbé en la calidez de aquella roca y quedé pronto absorto bajo una bóveda estrellada; fue mágica esa forma de olvidarme del mundo y de mí mismo, pasar de todo y limitarme a sentir, dejar de pensar.

Es muy difícil encerrar en simples palabras todo ese conjunto de imágenes, olores, música, tacto... Lo que más llama la atención y aplaudo es el lugar en sí. Te dicen "sumérgete en la historia", y llevan razón, puedes hacerlo sin problemas. Cuando entras, pasas a otro mundo, a otra dimensión, a otro tiempo pasado. 


Piscina de agua templada.

Al salir, vi el mundo de otro color. El cuerpo me pesaba menos y me di cuenta de que la vida tiene reservado para nosotros muchos mimos, que nos quiere. No todo es malo chicos, también hay espacio para la magia en toda esta realidad tan abrupta e imprevisible.

***

Sinceramente, doy mi aprobado a los baños por todo lo que he expuesto aquí. Me gustaría que esto no se quedase en meras frases, sino que os dieseis un caprichito y probaseis sus instalaciones para sentir en vuestra propia piel lo que he intentado describiros. Cada persona es un mundo y cada cual percibirá esos estímulos de maneras distintas, pero estoy seguro de que siempre será una experiencia muy agradable y digna de contar.

Quería compartir con vosotros esto porque valoro su calidad y porque ha sido uno de los "regalos" que Granada me ha dado y está dando. Esta ciudad me enamora y quiero haceros partícipes de cada detalle que la hace especial.

Os recomiendo mucho visitar esta ciudad y, si os pasáis por aquí y estáis interesados en el lugar del que os he hablado, aquí os dejo el enlace a su web: 
http://granada.hammamalandalus.com/

Ahí encontraréis toda la información sobre sus servicios y tarifas, así como ofertas y enlaces a sus redes sociales.



Y me gustaría saber:
¿Os gustaría ir a unos baños árabes?
¿Cuál es vuestra mayor fantasía?
Hacédmelo saber en los comentarios, que ya sabéis lo que me gusta leeros.

Por mi parte poco más que decir. Espero que os haya gustado este trocito de sueño que he compartido.

Muchas gracias, como siempre, por estar ahí y hacer que todo esto sea posible.


Un abrazo muy grande y...
¡Hasta la próxima!


*Imágenes del post cedidas por el departamento comercial de Hammam Al Ándalus Granada para su uso exclusivo en el mismo.

martes, 7 de octubre de 2014

¿Dejo Blogger?

Mi llegada a Granada se vio acompañada de mucha ilusión y entusiasmo, sentimientos que me dejasteis compartir con todos vosotros. Llevo un tiempo ausente de las redes sociales y de Blogger. ¿Qué pasa?

Seguramente habéis notado un descenso muy notable de mi actividad. Debo aclarar unas cuantas cosas porque bien es cierto que todo se ha visto detenido de repente y a mí me gusta manteneros al tanto de la situación y seguir contándoos mis experiencias aquí.

No he dejado Blogger, pero sí que habrá muchos cambios. El parón que estoy sufriendo se debe a mi falta de Internet. Ahora mismo estoy funcionando con los datos del móvil y éstos no dan para demasiado. Este post lo escribo casi como una excepción.
Llevo bastante sin publicar nada nuevo y eso es algo que no me gusta nada, porque ya sabéis que este espacio es un trozo importante de mi vida, un trozo en el que entráis vosotros.
Asimismo quiero puntualizar a modo de agradecimiento un dato que he podido observar estos días, y es que las visitas al blog se han visto reducidas a un nivel basal que yo esperaba mucho inferior. Seguís viendo mis entradas y nuevas personas empiezan a leer lo que comparto aun cuando no lo divulgo por las redes como siempre ni actualizo contenido. Eso me ha alegrado muchísimo, sentir cómo esta plataforma ya ha despegado y sigue su curso.

En cuanto a novedades acerca de la página, comentaros que, aunque haya dejado Blogger parado estos días, he seguido mi funcionamiento habitual en el contacto y demás para conseguir material. Tengo muchísimo que ofreceros (entrevistas, críticas, experiencias, reflexiones...) pero a pesar de ello, a partir de ahora sólo habrá entrada cada domingo. El resto de mi tiempo lo dedicaré a mis estudios y a otros aspectos del blog que requieren mimos (top secret :P).

En cuanto a mi actividad en las redes sociales, puede seguir menguada durante unos cuantos días más hasta que tenga Internet de calidad (¡que llegue ya!).

Tengo mucho que contaros, mucho que poner sobre esta mesa. No me he ido, ni me iré. No os libraréis de mí tan fácilmente. Granada me está abriendo las puertas a un mundo nuevo y mis experiencias como blogger siguen siendo cada vez más enriquecedoras. 
Ya sabéis, muchísimas gracias por estar ahí siempre, por leerme y sentirme. Vosotros dais sentido a todo esto.

Un abrazo muy grande y...¡Hasta la próxima!

martes, 23 de septiembre de 2014

Granada #3 | Emociones.

Esta ciudad me abraza, me colma de sensaciones que antes sólo soñaba. Esta ciudad me llamaba y ahora... ahora me tiene.

Es tan difícil describir con palabras la esencia misma de toda esta magia. Aun así, lo intentaré; intentaré transmitiros lo que siento, lo que estalla dentro de mí en este presente infinito abarcado por el pasado y el futuro mismo.

Hoy empiezo la universidad, mi primer curso. Todo es desconocido para mí, pero tengo ganas, muchas, porque sé que estudiaré lo que de verdad quiero, lo que me permitirá aportar algo a los demás: psicología.

Pero no es de hoy de lo que quiero hablaros, sino de estos dos últimos días. No escribí esto antes por cuestiones de tiempo, pero nunca es tarde.

El domingo fue un día increíble. Eran sobre las dos de la tarde cuando mi compañera de piso me propuso salir por Granada. 
Durante ese paseo me dejé fascinar por sus calles, hice fotos a todo lo que me llamaba la atención o, sencillamente, me parecía bello.
Almorzamos una pizza de carne picante y seguimos nuestro camino por el Albaicín. Me encanta esa vida que derrochan las calles y plazas, el gentío y su energía, su saber estar.
Los lugares que más me gustaron no pretendo describirlos aquí, y aunque prefiero mostrarlos por fotos, siguen guardando con recelo su esencia en la realidad que me acercó a ellos.
Un puente que se alzaba sobre un riachuelo de relajante y evasor sonido, unos baños árabes que te mostraban con el recuerdo de sus piedras lo que un día fue, unas calles capaces de hablar, unos adoquines con relatos fantásticos, un mirador colmado del bohemio sonido de su gente y la Alhambra saludando orgullosa sobre la ciudad.
Ese atardecer tras las montañas y las nubes, tras ese abrazo de cielo y civilización que mostraba con cierto misticismo matices de realidad entre mito y vida.

Largas y enriquecedoras conversaciones con esta mujer de 50 años, tan jovial como vivida, son algo a destacar.

Llegué al piso cansado y con ganas de tumbarme, la cama me atrapó y fue imposible narrar la experiencia de lo que fue.

El día siguiente comenzó con otro paseo, pero esta vez con mi compañero de piso, un joven de 22 años que pronto dejará el piso para irse a otra zona de la ciudad. Vi otra Granada, más amplia, más enérgica, más... vigorosa. En ese paseo no tomé instantáneas, pero conservo cada fuente y ruta en mi mente de forma impecable.

Lo intenso volvió al atardecer. Belén (la compañera), me pidió que la ayudase a llevar unas cosas al una famosa empresa de compra-venta de artículos de 2ª mano que no diré que es Cash Converters.
Fue a desprenderse de objetos y recuerdos que no podía arrastrar consigo, pues en pocos días se va a Madrid a empezar una nueva vida. Verla colocando sobre aquel mostrador libros algo gastados encendió algo en mí. 
Ella es la imagen bohemia por excelencia, una persona con una economía suficiente para su sustento y un viajar librándose de "lastres materiales" cargados de valores emocionales.
Me partía el corazón aquella escena, ver cómo el encargado clasificaba los libros y rechazaba la compra de la mayoría sólo por su imagen. Entonces lo vi claro: no importa el contenido, no importan las letras, esas historias y tramas que ella habrá leído, disfrutado, aprovechado y sentido, sino la mera apariencia externa.
Debe ser muy difícil desprenderse de algo que te ha acompañado mucho tiempo y tiene tal carga afectiva para ti, eso fue lo que me dolió, junto a escucharla decir "tendré que tirarlos".
No podía llevárselos por cuestión de transporte y espacio, pero yo no podía permitir que tirase unos libros que, como muchos lectores sabrán, pueden ser tan enriquecedores a nivel personal.
Me los he quedado, son poco más de veinte. Me he propuesto algo que ya os contaré más detenidamente en otro post, pero... ¿tirarlos? no.

La noche de ayer terminó entre un par de tapeos y más conversaciones de esas que te aportan tanto como persona y como ser humano. 
Sencillamente, mi estancia aquí está siendo increíble y, por supuesto, la agradezco inmensamente.

Este post se lo quiero dedicar a Belén por ser, en cierto modo, su protagonista. Desde aquí le deseo mucha suerte en su viaje y mucha fuerza en su lucha de ideales y valores. Es uno de esos seres de luz...


En cuanto a vosotros, agradeceros también que estéis ahí día tras día. Aunque lo haya obviado, sigo trabajando bastante en el blog y los resultados son muy satisfactorios a todos los niveles. GRACIAS.

Me gustaría conocer vuestra opinión: 
¿Conocéis Granada? ¿Qué os parece? ¿Os ha gustado el post? 
¿Cuál ha sido la experiencia más intensa o nostálgica que habéis vivido? 
Ya sabéis, dejadme vuestras aportaciones abajo en los comentarios; me interesa leeros.

Un abrazo con sentimiento y...
¡Hasta la próxima!

*Todas las imágenes del post son propias, realizadas durante el primer paseo narrado.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Granada | Mi primer día

Una ducha caliente diciendo adiós en silencio.
Aquí me siento... ¿cómo definirlo? A salvo.
Mis últimos momentos en Sevilla fueron propios de una película cliché cualquiera. Todo fueron abrazos de despedida y aquel momento intenso, ya en el coche, que quiero compartir al detalle con vosotros. El corazón me palpitaba con más fuerza que en momentos anteriores, estaba yéndome y esta vez era la definitiva. Sabía que iba a encontrarme con ella, y así fue; mi mejor amiga estaba en una esquina con otras personas y yo la llamé para una despedida más. Se acercó corriendo y me dio dos besos. 15 años y era entonces cuando más tiempo íbamos a pasar separados o, dicho de otra forma, cuando mayor iba a ser la distancia que nos separase.
Durante todo este día no pude menos que enamorarme de esta increíble ciudad. Lo primero que hice, junto a mis padres, fue limpiar mi dormitorio y dejarlo impecable. Luego visitamos algunas zonas que me llenaron el alma y cenamos en un lugar que me encantó, llamado Garden.
¿Cómo omitir la emoción de mi madre al sentirme próximamente alejado? Ella se va en dos días, pero ya empieza a echarme de menos.
Todos los miedos e inseguridades que aparecían en los días previos parecen desaparecer en estas calles. Me gusta estar aquí y estoy seguro de que es mi sitio; durante los próximos meses, éste será mi sitio.
Mañana me espera un día de papeleos y demás asuntos. Ya tengo preparada mi habitación y la ropa guardada. Me he acomodado y he conseguido crear una zona de confort estupenda. Mi parte favorita es en la que escribo esto: el escritorio o, como yo lo llamo ahora, mi pequeño despachito. Aquí podré escribir mejor, más relajado y centrado a la vez al tener mi espacio, mi rinconcito. En Sevilla escribía tumbado en la cama y la verdad es que la espalda se resentía mucho. Ahora puedo hacerlo sentado en una silla muy cómoda y con más orden alrededor.
Otra de las cosas que más me gusta es la gran ventana que tengo junto al escritorio; puedo echarme atrás y evadirme mirando al lejano horizonte compuesto por las montañas de Sierra Nevada cuando esté algo cansado o estresado.
Y por último, no hay nada mejor que poner una de mis canciones favoritas a todo volumen en los auriculares y dejarse girar en la silla ante la ventana, ante la noche de Granada; saludando así a mi nueva vida, mi nuevo entorno, mi nuevo yo. Sí, acabo de hacerlo y es mágico...

En cuanto a lo que suceda a partir de ahora, os seguiré informando...

***

Por cierto, quiero anunciar que a partir de la semana que viene, y por motivos de estudios (que por eso estoy en Granada), sólo subiré dos posts semanales: cada viernes y domingo. No prometo nada, puede que sólo suba uno, pero si subiese dos sería en esos días.

Espero que mi experiencia en Granada os sirva para aprender a afrontar nuevos retos o para extraer cualquier otro aprendizaje útil. Yo opino que las vivencias de otra persona siempre pueden aportar algo al prójimo.

Y por hoy nada más. Muchas gracias por estar ahí y ser partícipes de todo esto, dejarme compartir con vosotros estos trocitos de mí y leerme post tras post.

Un abrazo granaíno y...
¡Hasta la próxima!

martes, 16 de septiembre de 2014

Adiós Sevilla

Melancolía, nostalgia... ¿miedo? En cualquier caso, el arrojo prevalece; debe hacerlo, seguirá haciéndolo. Me voy, pero me llevo en el camino mis recuerdos. Al fin y al cabo, son todo lo que tengo...

Ya deambulo por las calles de Sevilla como despidiéndome de sus rincones. Es cierto que los habitantes de esta ciudad suelen presumir de ella y, aunque los demás crean que su belleza reside únicamente en sus monumentos, lugares o fragancias, se equivocan; su esencia se halla en todos y cada unos de los recuerdos que plasmamos en esos monumentos, lugares y fragancias.

El destino me ha guiado hacia un viaje de ida, Granada me espera, silenciosa y lejana. En mí caben las despedidas y los saludos; adiós a lo que fue y un amplio hola a lo que será. Me aborda el desconcierto; mentiría si dijese que carezco de nervios, que soy completamente fuerte ante el miedo, el miedo a lo nuevo, a lo impredecible... Pero realmente quiero hacerlo, quiero ir y sumergirme en ese nuevo sueño; el sueño de descubrir como un niño pequeño nuevos espacios, nuevas personas, nuevas miradas, nuevas palabras, nuevas fantasías en el aire, nuevas formas de temer, nuevas formas de perder y de levantarse; quizás incluso, nuevas formas de querer.


Conservaré con anhelo y recelo mi baúl de buenos amigos; es pequeño pero rígido. Llevaré en mi mente a toda esa gente que sé que está ahí, que me espera y aprecia.
Me llevo también todo lo aprendido, todo lo que soy y lo que he sido. Me llevo el saber que no hay imposibles, que las barreras pueden superarse y que tras un hoy tedioso esperará un esperanzador mañana.

Impresiona saber que en pocos días estaré durmiendo lejos de aquí, en otro aire, con otra compañía, entre otras paredes... Es mi primera vez, todo será muy nuevo, pero no por ello debo temerlo. Cada momento será una experiencia tatuada en mi piel y mi esencia.

Quería compartir con vosotros esto por lo especial que resulta para mí. Voy a estudiar mi primer año de psicología en Granada y seguiré compartiendo mi vivencia; quiero que forméis parte de ella porque, sencillamente, también os llevo conmigo. Sabed que también tenéis un rinconcito dentro de ese baúl.


Y me gustaría saber...
¿Cuál es vuestro camino?

Abajo podéis dejar vuestros comentarios, aportaciones, sugerencias, opiniones, consejos... Eso es lo que os diferencia de ser un simple número en mi contador de visitas y ser los que de verdad formáis todo esto.

Muchas gracias, como siempre, por estar ahí. Espero que todo esto os sirva de algo y saquéis vuestro propio aprendizaje.




Un abrazo muy grande y...
¡Hasta la próxima!

*Todas las imágenes de este post son propias.

domingo, 8 de junio de 2014

Una experiencia mágica.

Cuando todo parezca hundirse ante tus pies y el mundo se te venga encima, no te preocupes, aún queda lugar para la magia.
Hola a todos, soy Leo Sarmed y hoy quisiera compartir con vosotros una experiencia bastante especial que pude vivir ayer mismo.
Para poneros en situación, mi tarde fue bastante tediosa. Tenía cosas que estudiar pero mi motivación no hacía acto de presencia. No tenía ganas de hacer nada y ese impulso que me empujase a la autorrealización se encontraba totalmente anulado. Era de esas tardes que ves más oscuras de lo habitual.
En mí se unía la frustración, la decepción y la pena. No sé si por cuestiones hormonales, psicológicas o algunas otras, mi decaimiento alcanzaba cotas considerables.
Una pizza, unos vistazos a mis blogs y algunos planteamientos para futuras historias culminaban un día poco o nada productivo. Rendido a mis emociones, apagué el portátil y quedé bajo una fina sábana sumido en la oscuridad de la una de la madrugada.
Mientras esperaba la llegada del sueño, ojeaba el móvil. Inusualmente en mí, eché un vistazo a Twitter por si había alguna novedad. Viendo interacciones, encontré que alguien retwitteó una frase que momentos antes había twitteado para desahogar cuanto me abarcaba. En ese momento pensé que alguien que retwittea algo así es porque siente algo al respecto. Guiado por la curiosidad, visité el perfil en cuestión.
Entre los tweets de aquella chica encontré uno que me llamó la atención: “Joder, quiero hablar con él”. El siguiente tweet continuaba al anterior: “Pero no da señales de vida”.
Sabiendo lo que se siente al tener ese fulgor incontrolable en el interior y no encontrar su alivio, respondí aquella última frase, casi de manera imprevista: “habla conmigo, tal vez tenga esa frase que a veces necesitamos oír”. Y es que cuando estamos mal, todos necesitamos esa frase que nos haga abrir un poco los ojos. Tal vez sea tan inesperada, que sea un desconocido quien nos la diga. Y en este caso, eso sucedió...
Comenzamos a hablar por mensajes y la verdad es que resultó todo bastante mágico. Sabía que ella necesitaba hablar e intuía que no había en aquel momento muchos que la escuchasen. Decidí ser yo ese alguien que la tuviese en cuenta, ese alguien que le dijese las cosas correctas.
Descubrí también que era lectora mía, lo cual me sorprendió de alguna forma. 
Seguramente estés leyendo esto. Si es así, quiero darte un consejo que anoche no te di: no gastes tu voz con quien no te escucha ni tus lágrimas con quien no supo valorar ni tan siquiera la belleza de tus sonrisas. Mírate al espejo y regálate un amplio gesto de alegría, te lo mereces.
Porque no cuesta nada escuchar a los demás y darles apoyo, pero llego más lejos; a menudo tampoco nos escuchamos a nosotros mismos. Caminamos demasiado deprisa y sentimos esa punzada que pretende atraer nuestra atención, más no sabemos qué nos pasa. Detengámonos un rato a escucharnos a nosotros mismos y a aprender a valorarnos, porque somos lo que siempre tuvimos y lo que tendremos siempre que sigamos vivos.
En cuanto a ti, joven soñadora, te queda toda una vida que reír, llorar, correr, gritar y sentir. Vive cada minuto y disfruta hasta las lágrimas, porque en cada pequeño tramo, cada paso de tu camino, se encuentra un pedazo de belleza reservado para ti.

Por mi parte nada más que añadir. Espero que os haya gustado esta experiencia. Si queréis, también podéis aportar vuestras experiencias, opiniones o sugerencias en los comentarios o en mis “espectaculosas” redes sociales: Twitter y Facebook.
Ya que estamos, puedes compartir esta entrada en tus redes si quieres que más gente sea testigo del mensaje.

Un gran abrazo a todos y mil gracias por acompañarme en este camino imprevisible y compartido.